Terapia Breve Sistémica para adolescentes

 

 

 

 

 

 

 

 

La adolescencia puede ser una etapa sumamente difícil tanto para el que la vive como para los que lo rodean. El adolescente rompe con su mundo infantil y sufre cambios fisiológicos y sociales, que le exigirán ir definiendo su identidad a partir de nuevas experiencias y valores, integrarse socialmente en medida que se independiza de su familia y modifica su manera de relacionarse con la misma, así como adaptarse a su nueva imagen corporal. En síntesis, todo adolescente está viviendo una crisis que algunas veces requiere de ayuda para ser superada.

 

 

¿Cómo es la terapia breve para el adolescente? 

 

Duración de la sesión: 1 hora

Frecuencia: 1 sesión por semana

 

Este tipo de terapia puede llevarse a cabo con el adolescente solo, junto con su familia o con personal escolar, o con ambos, incluso pueden participar amigos, vecinos, parientes, etc.

 

Su objetivo es ayudar al adolescente a que recupere o reestablezca su bienestar en un breve lapso de tiempo. El adolescente será capaz, por sí mismo, de intentar nuevas soluciones a sus problemas y, de este modo, obtendrá cambios rápidamente no sólo a nivel individual, sino también en sus relaciones familiares y sociales.

 

¿Cómo saber si su hijo requiere de terapia psicológica?

 

 

 

 

Si hay problemas constantes entre el adolescente y alguno de sus padres o ambos.

Si su relación con la familia es agresiva o si tienen problemas para comunicarse .

Si está viviendo el divorcio de sus padres o alguna otra pérdida, y le está perturbando más de lo normal.

Si su estado de ánimo influye negativamente en su funcionamiento escolar, familiar o social.

Si presenta frecuentes arranques de ira y/o malhumor, y bruscos y persistentes cambios en su estado de ánimo.

Si presenta baja autoestima, auto reproches, o conductas autodestructivas.

Si sufre o ha sufrido cambios significativos en hábitos de sueño o alimenticios, o presenta trastornos de alimentación: anorexia, bulimia, obesidad.

Si su estado de ánimo es depresivo: muestra una actitud  negativa con frecuencia acompañada de falta o aumento de apetito, dificultad para dormir e ideas relacionadas con la muerte.

Si ha abandonado actividades que le gustaban, si se aleja de sus amigos o familiares, y presenta aislamiento, sentimientos de soledad, timidez, dificultad para incorporarse a los grupos.

Si tiene dificultades o cambios significativos en el rendimiento escolar.

Si presenta conductas adictivas en relación al alcohol, las drogas y el uso de Internet.

Si persistentemente es desafiante a la autoridad, tanto a los padres y otros adultos como a los profesores. 

Si tiene dificultad para orientar y encauzar la propia vida, o requiere de orientación vocacional.

Si tiene problemas para relacionarse con el sexo puesto o con sus iguales. 

Si presenta problemas para definir su orientación sexual o para expresarla.

Si se le detectan enfermedades psicosomáticas: dolor de cabeza, migrañas, intensas gastritis, etc.

 

RECUERDA que para que tu hijo reciba terapia psicológica no es necesario que se le diagnostique alguna enfermedad mental, sino basta con que identifiques alguna situación problemática y que sientas que no puede solucionarla por sí mismo aunque ya lo haya intentado. Si tu hijo se encuentra en una situación similar tienes las siguientes opciones:

 

  • Negar que existe el problema, es decir, hacer como que “aquí no pasa nada”; aunque eso intensifique el problema de tu hijo o alargue su permanencia.

     

  • Dejar que siga intentando las mismas soluciones que no le funcionan, aunque caiga en un camino cíclico, o sea, un camino que sólo le lleva a regresar al mismo punto una y otra vez.

     

  • AYUDARLE A DAR EL PRIMER PASO HACIA EL CAMBIO e iniciar una terapia psicológica.

 

 

 

 

    

 

 

“Si no tienes éxito la primera vez, puedes intentarlo una segunda, pero si vuelves a fracasar, intenta algo diferente…”

 

 

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